Gustar a todo el mundo es como un sueño idílico, cómodo y poco arriesgado en el que las consecuencias pueden ser agotadoras por estar amoldándonos incesantemente al entorno en el que nos encontramos.
La adaptación es un síntoma de inteligencia, pero si te preocupa demasiado que todo el mundo esté de acuerdo contigo, en todo momento y en todos los aspectos, quizás te irá bien renunciar a ello en favor de tu tiempo y paz mental.
Quizás no es importante gustar a todas las personas, solo las que te gustan a ti.
Quizás es mejor ser auténtica que correcta.
Quizás hay personas que valoran tu espontaneidad y tu originalidad.
Quizás lo que consideras defectos, son cualidades muy valoradas en el ambiente adecuado.
Quizás cuando eres una persona correcta o perfecta resultas aburrida o aburrido.
Quizás hayas sido dotada de ese carácter con un propósito divino más grande que tú.
Quizás quieras ser un modelo para otras personas y mostrarte como una persona que se conoce y se acepta.
ACCIÓN: Decir en alto la renuncia e identificar en qué situaciones y con qué personas sientes que el impulso de querer gustar es mayor que el de querer mostrarte tal y como eres.